Bombas nucleares en Japón

 

El seis de agosto de 1945 un gran estallido sacudió una ciudad asiática, y las conciencias del mundo entero. Se trata de la bomba atómica que arrasó Hiroshima, una localidad situada al oeste de Japón, que en aquel momento era una gran urbe con más de 250.000 habitantes. Fue el primer ataque nuclear de la historia, y supuso la rendición del país y el final de la II Guerra Mundial. A parte del conflicto entre aliados y fascistas en Europa, había otro gran frente en la zona del Pacífico. Japón, que había sido aliado en la I Guerra Mundial, se sentía ahora perjudicado por las maniobras de los norteamericanos en el sureste de Asia. Así que decidieron tomar la iniciativa e invadir Indochina para ganar más territorio. La respuesta de Estados Unidos fue imponer un bloqueo comercial, que desembocó en el ataque japonés a la base militar norteamericana de Pearl Harbour, con miles de víctimas, y la declaración de guerra entre estos dos países. Tras la toma de Berlín y la rendición de los nazis en mayo de 1945, la resolución de la Gran Guerra se centró en este frente del Pacífico. Desde mucho antes, en 1939, el gobierno estadounidense había puesto en marcha un proyecto llamado “Manhattan”. Empezó gracias al consejo del gran físico Albert Einstein, de aprovechar la fuerza energética del uranio y el plutonio para producir una reacción de fisión en cadena y fabricar una bomba nuclear. El resultado fueron los dos primeros modelos de artefactos atómicos, apodados “Little Boy” y “Fat Man”, “el chiquillo” y “el gordo” en inglés. La elección de Hiroshima como objetivo fue muy pensada. Era un importante centro militar e industrial, además de un gran puerto y núcleo civil. Al estar situada entre colinas, la explosión se concentraría causando una mayor destrucción. Y sirviendo a la perfección para el ejército estadounidense, que pretendía hacer el mayor daño psicológico posible a los japoneses, y provocar su rendición. Se esperó hasta el seis de agosto para que el clima fuese despejado, sin nubes. Un bombardero pesado , bautizado por el piloto con el nombre de su propia madre, Enola Gay, despegó de la base aérea en la isla de Tinián, al sur de Japón, junto con otras dos naves de apoyo. La bomba se activó durante el propio vuelo, media hora antes de llegar al objetivo, para evitar riesgos. Los radares japoneses detectaron su presencia a las 8 de la mañana, y emitieron una alerta de ataque por la radio para que la población se refugiase, pero muchos la ignoraron. A las 8.15h “Little Boy” fue lanzado, y al instante de su detonación la temperatura se elevó a más de un millón de grados centígrados, incendiando el aire alrededor y creando una enorme bola de fuego. El radio de total destrucción fue de 1,6 kilómetros, provocando incendios en 11,4 kilómetros cuadrados. El 69 % de los edificios de Hiroshima fueron destruidos, y cerca del 30 % de la población murieron instantáneamente. Otras 70.000 quedaron heridas y sin asistencia posible, ya que el 90 % de los médicos y enfermeras murieron o resultaron también heridos, al encontrarse trabajando cerca del centro de la ciudad, donde fue el impacto. Una enorme nube de humo con forma de hongo cubrió la ciudad. La explosión rompió los vidrios de las ventanas de edificios localizados a una distancia de 16 kilómetros y pudo sentirse hasta a 59 kilómetros de distancia.​ Media hora después empezó a caer una lluvia de color negro, llena de polvo y cenizas, así como partículas altamente radiactivas. Precisamente el desconocimiento de la radiación y sus efectos en la salud hizo que los médicos no supiesen bien cómo tratar a los miles y miles de heridos con quemaduras por todo el cuerpo. Se estima que hasta 1950 más de 200.000 víctimas murieron, muchos a causa del cáncer, leucemia y otras enfermedades a largo plazo. Algunos de los niños que estaban por nacer sufrieron malformaciones en el cuerpo y daños cerebrales. 


El edificio conocido como Cúpula Genbaku, un palacio de exposiciones construido en 1915, se convirtió en un símbolo de esta catástrofe, al mantenerse en pie a pesar de haber estado a sólo 150 metros del centro de la explosión. Sus ruinas todavía se conservan, nombradas como “Monumento de la Paz de Hiroshima”, y fue catalogado como Patrimonio de la Humanidad en 1996. Tres días más tarde de la catástrofe, la mañana del 9 de agosto de 1945 a las 11.01h, el ejército estadounidense hizo explosionar a “Fat Man” sobre la ciudad de Nagasaki, al oeste del país, causando una destrucción similar a la de Hiroshima. Esto fue el golpe definitivo para Japón, que aterrorizados ante la amenaza estadounidense de nuevos bombardeos, decidió firmar la rendición el 2 de septiembre de 1945. Los supervivientes de los bombardeos son llamados hibakusha , que literalmente significa “persona bombardeada”. Serlo suponía un estigma, ya que además de las enfermedades que padecieron, tuvieron que lidiar con el rechazo de la sociedad. Nadie quería relacionarse con ellos, e incluso se les negaba el trabajo. El monumento memorial de Hiroshima contiene una listas de los hibakusha han muerto desde los bombardeos, y en 2008 sumaban más de 250.000. El presidente norteamericano Harry S. Truman, quién tomó la decisión final de lanzar las bombas, lo justificó como la única forma de terminar inmediatamente con la guerra y evitar el sacrificio de cientos de miles de soldados. A día de hoy el gobierno de este país todavía mantiene esta opinión y sigue sin pedir perdón por una de las mayores masacres de la historia, que esperemos que nunca más se vuelva a repetir.

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