A principios de 1942, las fuerzas estadounidenses se retiraron de Filipinas y sufrieron una grave derrota en el Mar de Java. Los estadounidenses, al menos, se resarcieron del golpe de Pearl Harbor en abril de ese año, cuando el teniente James H. Doolittle acometió un ataque aéreo sobre Tokio. El daño fue más moral que militar, y no ayudó a aclarar el horizonte. En el verano de 1942, la guerra parecía sentenciada en este teatro de operaciones. Dos portaaviones operativos y otro con graves limitaciones eran lo único que separaba en el Pacífico a Japón de las costas de EE.UU. Los aviones Zero japoneses superaban por mucho a los cazas norteamericanos y el almirante Yamamoto sabía que solo el tiempo jugaba en contra de su país. Había que evitar que el monstruo industrial que presidía Roosevelt pusiera sus fábricas en marcha. La trampa A mitad de camino entre América y Asia, como bien indica su nombre, las dos minúsculas islas que forma...